miércoles, 9 de noviembre de 2011

ODIO Y SINRAZÓN EN EL FÚTBOL

En la última jornada liguera se vivieron dos episodios muy tristes en el sector más importante y soberano del mundo del fútbol: en la grada. Sin aficionados, sin personas que con mucho esfuerzo y sacrificio sacan sus abonos cada verano, sin gente en los bares a la hora de los partidos, sin venta de camisetas, el fútbol como lo entendemos hoy día, no sería posible. Los aficionados son la pieza fundamental del engranaje del deporte rey. Sin embargo, también, en ciertas ocasiones se convierten en tristes protagonistas de episodios funestos. Actos en los que el odio y la sinrazón invaden estadios y complejos deportivos.

El más grave ocurrió en Madrid, cerca del río Manzanares, en el partido entre el Atlético de Madrid y el Sevilla. Parte de la grada, decidió volver a corear, una temporada más cuando el Sevilla visita a los colchoneros, cánticos despectivos y denigrantes contra la figura de Antonio Puerta. Algo intolerable y que debe ser sancionado duramente. No solo por la Comisión Antiviolencia, sino por la propia directiva del Atlético de Madrid.
Las disculpas de la directiva atlética son sinceras, adecuadas y nobles, pero se requiere algo más de esfuerzo  para erradicarlas para siempre, no solo del Calderón, sino de aquellos estadios donde también se escuchen tales atrocidades. Atajar de raíz el odio para evitar que vuelva a reproducirse.
Un par de horas antes, en el Benito Villamarín de Sevilla, se produjo otro episodio más de sin razón y odio consentido. Juanlu, exjugador verdiblanco, marcó gol a mediados de la primera mitad. El ahora jugador blaugrana, no dudó en reivindicarse tras el tanto, algo que encendió a la grada.  Provocó que parte de la familia verdiblanca alcanzara un estado de odio exagerado hacia el futbolista, hasta tal punto de corear una canción deseando su muerte. Demasiado extremista para un recinto donde se va a presenciar deporte.
La afición es soberana hasta que se sobrepasan los límites establecidos. Y es obligación por parte de los clubes fijar esos límites y castigar con dureza a aquellos que no los respetan. La tolerancia debe formar parte del fútbol, como ocurre en otros deportes de masas.
Basta ya de amparar a desaprensivos que no dudan en manchar no solo el escudo de grandes equipos, sino el del fútbol en general. Basta ya de que esta gentuza pulule cada semana por estadios de fútbol con total libertad para hacer y deshacer a su antojo. Importa bien poco que animen, que canten, que sean los pulmones de la grada o que hagan los mejores tifos del mundo. La situación nunca estará equilibrada cuando en la otra parte de la balanza de la diosa justicia se encuentran actos tan mezquinos como el racismo, el odio, la sinrazón y la violencia consentida. La solución es muy fácil. La denuncia. Pero desde todos los sectores. Desde aquellos que velan por garantizar la seguridad para que prime el espectáculo, desde aquellos que deben sancionar duramente estos actos. Desde los propios clubes. Desde los medios de comunicación, pero no ahora, sino siempre. Y también desde el epicentro, desde la zona cero: desde la grada. Si te sientes ofendido, denuncia. No te calles. Que no generalicen con tu sentimiento, que no te metan en el mismo saco. Son menos, muchos menos. Son ratas y se amparan en la seguridad que otorgan las masas. Porque en el mundo del fútbol, el odio y la sinrazón no tienen cabida.

PUBLICADO EN http://www.vavel.com/ el 07/10/2011

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